Ciudad Cultura

Carta de Artigas a Güemes donde expone sus diferencias con los porteños

El 17 de junio de 1821, en la Cañada de la Horqueta, provincia de Salta, moría Martín Miguel de Güemes. Se cumplirán en breve 199 años.

En tanto, José Gervasio Artigas, falleció en Quinta Ybyray de Asunción, Paraguay, el 23 de septiembre de 1850. En 2020 se cumplen 170 años de su deceso.

Tanto Güemes como Artigas fueron dos personajes de inmensa importancia en nuestra historia. No se conocieron personalmente, aunque ambos tenían muchas cosas en común en lo que a la lucha por la libertad y la independencia se refiere.

Además, los dos fueron grandes caudillos, uno del litoral y otro del noroeste. Asimismo, los dos tenían en sus antecesores a personas acaudaladas. Por otra parte, tanto Güemes como Artigas se enfrentaron a Buenos Aires, aunque el primero nunca rompió relaciones y el oriental lo hizo, pero cierto es que jamás pensó (como algunos aún sostienen) hacer de la Banda oriental un país.

Pero hay más cosas que los unen, ya que los dos eran hombres de gran honestidad, tanto que rechazaron intentos de sobornos enemigos. También los dos eran jefes populares, elegidos por las masas como representantes de sus intereses.

También los dos eran federales y populares, carismáticos y representantes de circunstancias de mucho peso social.

Finalmente, uno y otro tenían seguidores que eran capaces de dar su vida por ellos.

Cinco años antes de la muerte de Güemes, Artigas le envió una carta exponiendo en ella las diferencias que tenía con Buenos Aires y los motivos.

La misiva, tomada de “Documentos para la historia integral argentina 3”, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981, dice textualmente:

“5 de febrero de 1816
José Gervasio Artigas
Año 7 de nuestra Regeneración.

Señor D. Martín Güemes.

Mi estimado paisano:

El orden de los sucesos tiene más que calificado mí carácter y mi decisión pues el sisema está cimentado en hechos incontrastables: No es extraño parta de este principio para dirigir a Ud. mis insinuaciones cuando a la distancia se desfiguran los sentimientos y la malicia no ha dormido siquiera para hacer vituperables los míos; pero el tiempo es el mejor testigo y él admirará ciertamente la conducta del Jefe de los Orientales.

Yo me tomo esta licencia ansioso de uniformar nuestro sistema y hacer cada día más vigorosos los esfuerzos de América. Ella ciertamente marcha a su ruina dirigida por el impulso de Buenos Aires; sería molesto en hacer esta narración fastidiosa que forma la cadena de nuestras desgracias y de que todos los sensatos se hallan convencidos. Su preponderancia sobre los pueblos le hace mirarlos con desprecio y su engrandecimiento le sería más pesaroso que su total exterminio.

Las consecuencias de este principio son palpables en los resultados, y abatido el espíritu público nada es tan posible como nuestro anonadamiento. Por fortuna los pueblos se hallan hoy penetrados de sus deberes y su entusiasmo los hace superiores a los peligros…

Estoy informado de su carácter y decisión y ello me empeña a dirigir a Ud. mis esfuerzos por este deber: Contener al enemigo después de la desgracia de Sipe-Sipe debe ser nuestro principal objeto. Por acá no hacemos menos esfuerzos por contener las miras de Portugal.

Este gobierno rodeado de intrigantes duplica sus tentativas pero halla en nuestros pechos la barrera impenetrable.

La fría indiferencia de Buenos Aires y sus agentes en aquella corte me confirma de su debilidad.

Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos. Por lo tanto es forzoso que nuestros esfuerzos sean vigorosos y que, reconcentrado el Oriente, obre con todos sus recursos.

Gracias al cielo que protege la justicia: nuestro estado es brillante y los sucesos dirán si se hace respetar de todos sus enemigos.

Por ahora todo nuestro afán es contener al extranjero pero si el año 6 sopla favorable ya desembarazados de estos peligros podremos ocurrir a los del interior que nos son igualmente desventajosos.

Entonces de un solo golpe será fácil reunir los intereses y sentimientos de todos los pueblos, y salvarlos con su propia energía. Entre tanto es preciso tomar todas las medidas análogas a este fin.

Yo por mi parte ofrezco todos mis esfuerzos cuando tengo el honor de dirigirme a Ud. y dedicarle mis más cordiales afectos.

José Artigas, Purificación, 5 de febrero de 1816”.

Estamos convencidos que se trata de una carta que marca puntos más que claros y objetivos puntuales.

Si se lee la historia de Güemes se verá que las coincidencias son muchas; casi totales se podría afirmar.

Consideramos importante recordar estos hechos que ocupan un lugar de inmensa valía para quienes hoy habitamos esta parte del mundo.