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La batalla de Coronda y el fin del Supremo Entrerriano

Fue el 26 de mayo de 1821. La suerte de Francisco Ramírez estaba sellada. Por supuesto que ésta en extremo complicada situación había comenzado mucho antes, y el 26 de mayo de 1971 se produjo le denominada Batalla del Coronda. Pero como decíamos, todo comenzó antes, en lo que fue la última campaña del entrerriano.

Impuesto por Rosas, Martín Rodríguez asumió en 1920 la Gobernación de Buenos Aires. El 24 de noviembre de 1820 Rodríguez se reunió con el gobernador de Santa fe, el hasta ese momento federal Estanislao López, El encuentro se llevó a cabo en la estancia de Tiburcio Benegas y contó con la mediación de Rosas y del cordobés (hasta ese momento también federal) Bustos. Se rubricó en esa jornada el llamado Tratado de Benegas. López, se afirma, recibió a cambio de su rúbrica miles de caballos que, no pocos historiadores precisan, fueron cedidos por el propio Rosas.

Este tratado dejó solo a Francisco Ramírez, quien insistía en liberar la Banda Oriental. Además, en la estancia de Benegas se dejaron de lado varias de las disposiciones del Tratado del Pilar. Fue así que Ramírez exigió entonces a Rodríguez el envío del armamento y tropas que se habían acordado a Entre Ríos. Insistía además en la necesidad de declarar la guerra a Portugal. Buenos Aires hizo oídos sordos a esta exigencia y olvidó el Tratado firmado en Pilar el 23 de febrero de 1820 entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Igual actitud a la de Rodríguez tomaron López y Bustos, quienes estaban preocupados buscando que Ramírez no tome tanto poder.

Sería peligroso para sus intereses, sumado al prestigio que ya tenía. En este marco, la decisión de recuperar la Banda Oriental era una amenaza a la unidad del país, afirmaban. Esta última idea fue impuesta desde Buenos Aires, claro está.

Poco le quedaba a Ramírez. Solo debia defender las ideas federales, debía enfrentar a López y a los porteños; o sea, a la idea unitaria.

A principios de mayo de 1821, el coronel Anacleto Medina cruzó el río Paraná, enfiló hacia Santa Fe y se apropió de los caballos de López. A poco de eso Ramírez desembarcaba cerca de Coronda. Allí enfrentó las fuerzas de Gregorio Aráoz de Lamadrid y lo venció. Aráoz de Lamadrid era un tucumano que luchaba en favor de los porteños y, en este caso, a favor de López.

Mientras tanto, Mansilla debía llevar la infantería por barco hasta la capital de Santa Fe. Lo hizo, pero traicionó a Ramírez volviendo a embarcar la tropa y ordenando el retroceso. Esta traición de Mansilla fue determinante para la situación de Ramírez.

Ramírez tenía en ese momento solamente 700 hombres. Acampó en Coronda y recibió noticias de que Lamadrid, con más de 1.500 hombres, artillería, caballos y 380.000 pesos fuertes que Buenos Aires remitía a López, avanzaba sobre su posición. Lamadrid intentó sorprender a Ramírez cerca del río Carcarañá. Ramírez, que sabía de esto, maniobró de modo tal que logró hacer huir a las tropas de Lamadrid, quedándose con los caballos, el parque y los fondos.

Pero esto no fue un triunfo para el entrerriano, quien perdió casi la mitad de su tropa. La situación era ahora poco menos que desesperante. Dos días más tarde, debió enfrentarse con las tropas de López que le cortaban el paso hacia Córdoba. Debió huir. Tenía sólo un par de centenares de hombres.

Ramírez se encaminó hacia el norte buscando ayuda de la oposición local a Bustos, pero fue perseguido por los hombres del gobernador cordobés; su antiguo aliado.

El 10 de julio, uno de los oficiales de López derrotó a Ramírez en Chañar Viejo, cerca de Villa de María de Río Seco y de San Francisco del Chañar, El entrerriano perdió la vida. Fue decapitado y su cabeza clavada en una pica y luego enviada a López, quien la hizo embalsamar y la exhibió en una jaula, en la puerta del Cabildo santafesino.

Fue el fin de Francisco Ramírez, pero no de las ideas federales.

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