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Cambios de paradigma a partir del servicio militar voluntario: 51 soldados incorporará el Regimiento de Chajarí este año

En 1994, el soldado Omar Carrasco desaparecía  apenas tres días después de haber ingresado al servicio militar obligatorio en la guarnición militar de Zapala, Neuquén. Un mes después, el cadáver fue hallado oculto en las instalaciones del regimiento.

La historia oficial refiere a la muerte como consecuencia de un hemotórax producto del “baile”, tal como se denomina en la jerga militar al castigo físico.

Desde entonces, las implicancias sociales y políticas devinieron en la abolición de la obligatoriedad del servicio militar, lo que ocurrió el 31 de agosto de ese año.

Mediante la ley 24.429, sancionada dos meses después, se implementó el servicio militar voluntario.

Sin dudas ese hecho marcó un antes y un después para el país, contemplando un paradigma diferente en cuanto a la posibilidad de iniciar una formación para quienes deseen integrar el Ejército.

Los vulgarmente llamados “colimba” -sería en alusión a las primeras sílabas de correr (co), limpiar (lim) y barrer (ba)-, hoy tienen la oportunidad de cultivar una vocación, recibir un salario mensual y contar con una obra social.

En estos momentos, está abierta la inscripción para ingresar al Ejército como voluntario.

En Chajarí, los aspirantes transitan por la etapa de admisión y, finalmente, serán 51 los que ingresen como tal.

“El servicio militar voluntario fue, tanto para el Ejército como para el país, un cambio de paradigma, porque antes era de un año y ahora permite la continuidad en el tiempo del rol de combate del soldado, lo que lo hace más profesional”, evaluó el teniente coronel Marcelo Pitrella, jefe del Regimiento de Caballería de Tanques 7 de Chajarí.

En ese marco, explicó que varones y mujeres pueden ingresar a los 18 años y permanecer en carácter de voluntarios hasta los 28.

Consideró que este período permite que se especialicen en el rol de combate, como apuntador de tanque, de ametralladora, explorador e incluso en tareas logísticas. Si los resultados en el rendimiento son óptimos, el voluntario tiene la posibilidad de hacer un curso de un año y egresar como cabo o hacer la carrera en el colegio militar y egresar como subteniente y así continuar como suboficial u oficial en las filas del Ejército.

“Algunos ingresan por una cuestión de necesidad laboral y algunos por vocación, pero con el trabajo diario terminan ‘enamorándose’, formando parte del ‘espíritu de cuerpo’ que tiene la unidad militar, identificándose con los valores (…) el trabajo en equipo y el esfuerzo de todos los días, hace que se identifiquen mucho con el entorno”, manifestó el jefe militar.

El Regimiento de Chajarí puede reconocer médicamente hasta 150 postulantes. No obstante, a mediados de septiembre sólo se incorporarán 51 soldados, quienes tendrán un período de instrucción de 10 semanas.

“El Ejército tiene una política de igualdad de género y cerca del 20 por ciento de los efectivos son mujeres, que realizan las mismas actividades que los hombres”, apuntó Pitrella.

Los soldados deben cumplir con las actividades de 7:30 a 13 horas y de 14 30 a 18. En tanto, quienes proceden de ciudades alejadas, se alojan en la unidad militar de lunes a viernes.

“El soldado hace un núcleo de instrucción básica: navegación terrestre, supervivencia, comunicaciones, primeros auxilios. Luego, de acuerdo a las capacidades y oficios que trae comienza a especializarse en distintos roles de combate”, expuso Pitrella.

Requisitos

*Tener entre 18 y 24 años.

*Argentino nativo o por opción.

*Soltero, con hijos o personas a cargo no hay inconvenientes.

*Menores de 21 años, autorización legal de los padres

*Certificado de buena conducta expedido por la Policía Federal Argentina

*Varones, mínimo 1, 65 m de altura

*Mujeres, mínimo 1,60 m de altura Las inscripciones están abiertas y los interesados deberán  contactarse o asistir a la unidad militar.

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